WHERE THE STREETS HAVE NO NAME

#The TypeBoy
     Se planta delante del escritorio y me dice como puede, como él sabe que debe hacerlo, que quiere el rollo de celo que hay justo allí arriba, donde no alcanza a cogerlo. Si le digo que no, se enfada, porque tiene como un afán incondicional con ese rollito de plástico que seguramente lo transporta a algún lugar imaginario, un lugar dónde puede ser mayor, el jefe, dueño de sus inquietudes; un lugar donde pelear contra los enemigos y defenderse en su fortaleza… ahí en esos trozos de celo, radica la imaginación de un niño, de Matt en concreto, imaginación sin obstaculos. Lo que para nosotros es tan solo un trozo de plástico práctico, para él es todo un universo de juegos y experiéncias alucinantes. Por eso, como lo sé, le dejo que haga y deshaga a su antojo, pasando horas invertidas en su mente, y enrollándose y pegándose celo por toda la cara, cual momia del futuro. 
     Así es la mente de un niño, fascinantemente creativa, emotiva y con el poder de evadirse de una realidad cruda aunque todavia no lo sepa con certeza… algo que los adultos hemos desaprendido; o más bien, aprendido a olvidar…

                                                                                   Didicado a Matthew

#The TypeBoy

     Se planta delante del escritorio y me dice como puede, como él sabe que debe hacerlo, que quiere el rollo de celo que hay justo allí arriba, donde no alcanza a cogerlo. Si le digo que no, se enfada, porque tiene como un afán incondicional con ese rollito de plástico que seguramente lo transporta a algún lugar imaginario, un lugar dónde puede ser mayor, el jefe, dueño de sus inquietudes; un lugar donde pelear contra los enemigos y defenderse en su fortaleza… ahí en esos trozos de celo, radica la imaginación de un niño, de Matt en concreto, imaginación sin obstaculos. Lo que para nosotros es tan solo un trozo de plástico práctico, para él es todo un universo de juegos y experiéncias alucinantes. Por eso, como lo sé, le dejo que haga y deshaga a su antojo, pasando horas invertidas en su mente, y enrollándose y pegándose celo por toda la cara, cual momia del futuro.

     Así es la mente de un niño, fascinantemente creativa, emotiva y con el poder de evadirse de una realidad cruda aunque todavia no lo sepa con certeza… algo que los adultos hemos desaprendido; o más bien, aprendido a olvidar…

                                                                                   Didicado a Matthew