Mil veces le repetí que no pusiera los zapatos encima de la cama, que doblara y guaradara su ropa dentro del armario. Que tuviera el detalle de esconder las zapatillas si no las iba a utilizar. Que no se hiciera sus necesidades encima. Incluso una vez, le apunté todas las cosas que debía y no debía hacer en una libreta de color verde… en ninguna de las ocasiones me hizo caso. Yo le decía -‘es que pareces una niña pequeña’-, ella murmuraba entre dientes cosas ininteligibles, como que tenía un pié detras de la oreja, que se había tragado una peonza, como que con un ojo podía mirar hacía atrás sin mover la cabeza o incluso algo tan surrealista como que le gustaban las fresas, cuando a ella en la vida le habian gustado! Bueno, sea como sea ella no me hacía caso y a mi me empezaba a inquietar los estragos que la demencia estaba haciendo en su mente….
… entre sollozos me dijo que lo que más echaba de menos no era su memoria sino aquella muñeca de trapo que su abuelo le hizo cuando tenía cinco años…