Se acercó levitando sobre sus bailarinas cual danza mágica para reposar en lo alto de la pompa de jabón que le llevaría al estrellato de Broadway. En sí misma había un talento innato para hipnotizar al público asistente y entre bambalinas, telones, tramoyistas, cuerdas, contrapesos… salió al escenario para enamorar a un publico entregado desde la primera nota que salió de sus labios…Dela!! la gran Dela!!! -gritaban- Una función a la cual le seguirían otras innumerables y exitosas en las diferentes tablas neoyorquinas.
Las fiestas que después siguieron a sus funciones serían de lo más glamurosas y elegantes de la época. Relacionandose con la ‘jet-set’ de la escena nocturna del momento. Miradas entre copas, guiños, sonrisas… un coqueteo magistralmente calculado y efectivamente ejecutado… La vida le sonreía como ella sonreía a sus admiradores: enamorando sin compasión, haciendo sufrir como el que necesita vivir.
… dedicado a Dela…