“Señor Guillermo, he rascado con un punzón la pintura superficial dejando intacta la capa de más al fondo. Necesitaria un armario para poder poner las mantas, que aunque finas, pesan, y los estantes no son macizos. Me he dado cuenta que las palomas tienen las patas demasiado delgadas para su cuerpo ¿que podemos hacer?. La naranja que usted me dió ayer no sabía bien, así que se la di a su hijo. Me dejó un rastrillo azul para que repasara el campo de fútbol, he hecho el trabajo cuatro veces y siguen sin quedarme bien las rayas, seguiré intentando. Ah! otra cosa importante, la embarazada me ha comentado que cuando su hijo tiene hambre le pide fabada pero como a ella le sienta mal y le genera gases no se la dá, automáticamente el pobre niño se pone a llorar como un desconsolado hasta que acaba callando de puro cansancio, es una mujer mala.
Seguré haciendo los trabajos y dejandole las notas encima de su escritorio de madera de cedro. Es bonito, me ha gustado ponerle su nombre con el punzón rascador de pintura.
A la espera de una rápida respuesta, le hago llegar un cordial saludo.”
Mª Carmen de Haro Puzol